El abordaje del deterioro cognitivo, ayer y hoy.

¿Cómo cambió nuestra forma de entender y tratar el deterioro cognitivo en los últimos 20 años? En este artículo repasamos el paso de la resignación al enfoque estratégico: del diagnóstico tardío a la prevención activa.

Dr. Federico Nahas

1/23/20265 min leer

El abordaje del deterioro cognitivo, ayer y hoy

Del olvido natural al diagnóstico clínico

Hace apenas dos décadas, muchas personas mayores que consultaban por fallas de memoria recibían directamente un diagnóstico de demencia, con frecuencia bajo el rótulo —obsoleto pero muy extendido— de demencia senil. Se asumía que esos síntomas formaban parte natural del envejecimiento, y esa idea, tan instalada social y médicamente, terminó por desalentar intervenciones tempranas. En ese contexto, las herramientas eran limitadas y el abordaje solía llegar tarde, cuando las posibilidades de acción ya estaban muy reducidas [1].

La era del deterioro cognitivo leve (DCL)

Con la llegada del concepto de deterioro cognitivo leve de Petersen, se abrió una etapa distinta. Por primera vez, se reconoció clínicamente un punto intermedio: un estado donde existen fallas cognitivas objetivas, pero aún sin impacto significativo en la funcionalidad diaria. Este diagnóstico nos permitió empezar a actuar antes, a pensar positivamente en que algo podíamos hacer.
Hace casi 15 años pudimos comenzaron a clasificar subtipos con mas precision, estimar riesgos de progresión y, sobre todo, a pensar el proceso como algo dinámico, donde el seguimiento y la intervención podían marcar una diferencia real [2][3]. Ya no se trataba solo de ponerle nombre a una condición: se trataba de anticiparse a su curso.

Del DCL a la fase preclínica: detectar antes de que se note

Hoy sabemos que los cambios cerebrales que conducen a enfermedades como el Alzheimer comienzan muchos años antes del primer olvido evidente. La acumulación de proteínas anómalas —como beta amiloide y tau— puede detectarse mediante biomarcadores, neuroimágenes o análisis de sangre hasta 20 años antes de que se manifiesten síntomas clínicos [4][5].

Personalmente, me gusta hacer el siguiente ejercicio: Si la usual edad de inicio del deterioro cognitivo por alzheimer ronda los 65 años, esos 20 años antes en los que se depositan las proteinas anormales representan basicamente los 45 años. SI, leiste bien, 45 AÑOS la edad en la que comienza a cambiar el cerebro.

En este sentido ayudó enormemente en la comprensión de los procesos neuropatológicos, neuropsicológicos y neuropsiquiátricos de los casos de Alzheimer esporádico (iniciativa ADNI y ADNI 2), y genéticos autosómico dominantes (programa DIAN) en quienes el inicio era temprano, incluso antes de los 40 años (ojo, esto es enfermedad genetica, no confundir con riesgo genetico por un familar que sufrió alzheimer a los 70años que son los considerados casos esporádicos). En ambos programas tuve el honor de trabajar y ser parte. Estos permitían el analisis y estudio antes de que las progresiones ocrurreisen, basado en el advenimiento de los primeros biomarcadores y el análisis estadístico de neuroimagenes y una infinidad de variables neuropsicológicas.

Esto no solo nos permite identificar con mayor precisión quién está en riesgo, sino también pensar nuevas estrategias: estudios de intervención en fases previas, abordajes personalizados y ensayos clínicos diseñados para frenar la progresión desde su inicio.

El nuevo paradigma: salud cerebral y prevención activa

En los últimos años, la evidencia sobre los factores de riesgo modificables cambió nuestra forma de entender la salud cognitiva. El grupo de Lancet demostró que la hipertensión, el sedentarismo, el aislamiento social, los trastornos del sueño o el estrés crónico no son simplemente “malos hábitos”: son condiciones que afectan la estructura y el funcionamiento cerebral. Y no solo eso, sino que su ocurrencia es mas significativa en determinados momentos de la vida.

Por eso, hoy el eje está en promover conductas protectoras —actividad física, estimulación mental, vínculos sociales, buena alimentación— y preventivas —tratamiento de la hipoacusia, descenso del LDL-colesterol, tratar la depresion o evitar el trauma craneal, como parte de un enfoque activo, realista y preventivo. Ya no hablamos solo de “enfermedad”, sino de salud cerebral y de cómo sostenerla.

Cuidadores y sociedad: un impacto más profundo de lo que parece

Durante mucho tiempo se subestimó el peso que supone acompañar a una persona con deterioro cognitivo. Se consideraba una obligacion por el rol de familiar, pero una condena invisible para quien cargaba esa cruz. Hoy, sabemos que el impacto se extiende mucho más allá del paciente. El Alzheimer, por ejemplo, representa un gasto de más de 300 mil millones de dólares al año en Estados Unidos, considerando tanto atención médica como cuidados informales [6].
Pero más allá de las cifras, la sobrecarga emocional y física en cuidadores, las tensiones familiares y el desgaste acumulado exigen un enfoque más amplio. Un diagnóstico no afecta a una sola persona: transforma la vida de quienes están cerca.

Nuestro aporte desde el Instituto NeuroNahas

En el Instituto NeuroNahas trabajamos desde una perspectiva clínica que entiende al deterioro cognitivo como un proceso, no como un destino. Evaluamos en profundidad cada caso a través de pruebas neurocognitivas específicas, estudios como EEG, y análisis que integran imágenes cerebrales y biomarcadores. Apostamos al seguimiento continuo, a trabajar en los detalles y anticiparnos a aquello que afecta la calidad de vida, porque muchas veces los cambios más relevantes no son visibles a simple vista.

Pero no nos detenemos en el diagnóstico. Nuestro abordaje terapéutico incluye selección adecuada de medicación —incluso aquellas de acceso más complejo—, rehabilitación cognitiva personalizada, programas físicos y psicoeducativos, y un acompañamiento concreto a las familias. Creemos que reducir la carga del entorno es también parte del tratamiento.

Y aún antes de que aparezcan síntomas, sostenemos una línea de trabajo preventiva: identificación de factores de riesgo, educación en salud cerebral y estrategias para preservar funciones en quienes aún no presentan deterioro. Desarrollo de lineas de investigacion para el diagnóstico o intervención, y proximamente ensayos clinicos. Comenzamos con la formación de recursos humanos en neuropsicología. Porque para nosotros, el tiempo no es enemigo: bien usado, sigue siendo una herramienta valiosa.

Conclusión

En los últimos 20 años, pasamos de un enfoque resignado frente al deterioro cognitivo a una forma de actuar con sentido, evidencia y esperanza.
Hoy podemos diagnosticar más temprano, intervenir mejor y acompañar con más herramientas.
Y eso, definitivamente, cambia todo.
En el INN, ese cambio ya forma parte de nuestra práctica diaria. Y cada persona que nos consulta, cada familia que confía en nuestro equipo, es parte de esa transformación.

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Bibliografía
  1. McKhann G, et al. Neurology. 1984;34(7):939–44.

  2. Petersen RC, et al. Arch Neurol. 1999;56(3):303–8.

  3. Albert MS, et al. Alzheimers Dement. 2011;7(3):270–9.

  4. Jack CR, et al. Alzheimer’s & Dementia. 2018;14:535–562.

  5. Salvadó G, et al. JAMA Neurol. 2025;82(11):1122–34.

  6. Alzheimer’s Association – 2023 Facts and Figures Report.Escribe tu texto aquí...