Parkinson: de la proteína al paciente

El Parkinson no comienza con el temblor. Detrás de los síntomas visibles hay un proceso biológico complejo que empieza años antes. En este artículo exploramos qué ocurre en el cerebro y cómo cambia el enfoque actual del tratamiento.

Lic. Silvia Roppolo

4/20/20264 min leer

Parkinson: de la proteína al paciente

La enfermedad de Parkinson suele asociarse con el temblor. Sin embargo, reducirla a un trastorno del movimiento es quedarse en la superficie de un proceso mucho más complejo.

Cuando aparecen los primeros síntomas motores, el cerebro ya viene atravesando cambios desde hace años. No hay un número único que explique esto, pero distintos estudios sugieren que, para ese momento, una proporción significativa de neuronas dopaminérgicas ya se ha perdido. Esto ayuda a entender por qué el diagnóstico clínico muchas veces llega cuando la enfermedad ya está instalada.

Qué ocurre antes de que aparezcan los síntomas

En el centro de la enfermedad de Parkinson hay un fenómeno que hoy ocupa gran parte de la investigación: el mal plegamiento de proteínas.

La alfa-sinucleína, una proteína presente en condiciones normales en el sistema nervioso, puede cambiar su estructura y comenzar a agregarse formando los llamados cuerpos de Lewy. Estos agregados no solo son tóxicos, sino que parecen propagarse a través del sistema nervioso siguiendo un patrón relativamente predecible, descripto en los estadios de Braak.

Este modelo plantea que el proceso podría comenzar fuera del cerebro, en estructuras como el sistema nervioso entérico o el bulbo olfatorio, mucho antes de comprometer la sustancia negra, donde aparecen los síntomas motores clásicos.

Un proceso que va más allá de la dopamina

Durante años, el Parkinson se entendió principalmente como un déficit de dopamina. Si bien este sigue siendo un componente central, hoy sabemos que el cuadro es más amplio.

Las neuronas afectadas presentan alteraciones en su funcionamiento energético, vinculadas a la disfunción mitocondrial. Esto aumenta el estrés oxidativo y favorece la vulnerabilidad celular. A esto se suma una respuesta inflamatoria crónica del sistema nervioso, donde las células gliales liberan mediadores que, en lugar de proteger, terminan contribuyendo al daño neuronal.

Además, no solo se afecta el sistema dopaminérgico. También se comprometen otros neurotransmisores, como la serotonina y la noradrenalina, lo que ayuda a explicar síntomas no motores frecuentes: depresión, fatiga, trastornos del sueño o alteraciones de la presión arterial.

En muchos pacientes, estos síntomas aparecen incluso antes que el temblor.

Hacia dónde va la investigación

En los últimos años, el enfoque del tratamiento comenzó a cambiar. Ya no se trata únicamente de controlar síntomas, sino de intentar modificar el curso de la enfermedad.

Algunas de las líneas de investigación más relevantes incluyen:

  • Inmunoterapia, con anticuerpos dirigidos contra la alfa-sinucleína, buscando interferir en su acumulación y propagación.

  • Genética, con especial interés en genes como LRRK2 y GBA, que podrían abrir la puerta a tratamientos más personalizados.

  • Eje intestino-cerebro, donde la microbiota aparece como un posible modulador del proceso neurodegenerativo.

Si bien estos enfoques aún están en desarrollo, reflejan un cambio conceptual importante: entender el Parkinson como un proceso biológico complejo, potencialmente modificable.

Lo que sí podemos hacer hoy

Mientras estas estrategias avanzan, el tratamiento actual sigue teniendo un objetivo claro: sostener la autonomía y la calidad de vida.

La farmacología permite mejorar significativamente los síntomas motores, pero no es la única herramienta. La evidencia es consistente en que el ejercicio físico guiado, adaptado a cada paciente, cumple un rol clave en la evolución funcional. Además el abordaje farmacológico y no farmacológico incluye a las manifestaciones no motoras del Parkinson.

No se trata solo de moverse, sino de hacerlo con un objetivo: mantener equilibrio, coordinación, fuerza y confianza en el propio cuerpo.

El enfoque del INN

En el Instituto NeuroNahas trabajamos con la idea de que ninguna enfermedad neurológica puede abordarse de manera aislada.

El Parkinson no es solo una alteración motora ni un hallazgo en un estudio. Es una experiencia que atraviesa al paciente y a su entorno. Y debe tratarse no solo medicando para mejorar (o digamos mejor, para contener) los sintomas motores, sino incluyendo al tratamiento de manifestaciones no motrices como la depresion y el deterioro cognitivo por parkinson.

Por eso, el abordaje combina evaluación clínica, ajuste farmacológico, acompañamiento continuo y estrategias de movimiento adaptadas a cada etapa. El objetivo no es solo tratar la enfermedad, sino sostener la vida cotidiana del paciente con el mayor grado de autonomía posible.

Este enfoque integral se alinea con el modelo de atención multidisciplinaria que estructura el Instituto .

Conclusión

El Parkinson es una enfermedad compleja, heterogénea y progresiva. La ciencia avanza hacia una comprensión más profunda de sus mecanismos, desde el nivel molecular hasta la expresión clínica.

Pero incluso hoy, sin terapias que detengan completamente su progresión, hay mucho por hacer.

Entender el proceso, intervenir a tiempo y acompañar de forma sostenida puede marcar una diferencia real en la calidad de vida.

Y ahí es donde la medicina, más que una intervención puntual, se convierte en un proceso.

Bibliografía

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Kalia LV, Lang AE. Parkinson’s disease. The Lancet. 2015.
Surmeier DJ. Determinants of dopaminergic neuron loss in Parkinson’s disease. FEBS Journal. 2018.
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